Andrew Biles: “Tenemos que trabajar juntos para proteger la Cavendish”

En 2014, la brasileña Cutrale Safra compró el gigante estadounidense de la banana Chiquita. De esta forma, la multinacional acabó en manos privadas. Andrew Billes fue nombrado CEO y presidente de la empresa por el nuevo propietario. Con él, hacemos un repaso de los años transcurridos desde la adquisición y los desafíos a los que se enfrenta el sector, entre ellos, por ejemplo, la TR4.

¿Qué ha cambiado desde la adquisición por parte Cutrale Safra?
“Chiquita desapareció de la escena pública y pasó a manos privadas. Como resultado, ahora tenemos accionistas que comprenden el negocio porque tienen experiencia personal en el cultivo de cítricos y la logística relacionada. Podemos plantear una estrategia a largo plazo y también ponerla en práctica de una forma más sencilla, porque los accionistas miran más al largo plazo. Esto no solo es ventajoso para el negocio, sino también para todo el sector”.
Desde la adquisición, las sucursales europeas han quedado incluidas en Chiquita Europa. ¿Por qué se han fusionado?
“Tiene que ver con varios factores, como los cambios en la legislación europea, tales como las leyes tributarias. Además, es una forma eficiente de trabajar y los clientes esperan que trabajemos de la forma más eficiente posible. También tiene ventajas, por ejemplo, en cuanto a las TIC. No es tan excepcional, muchas grandes empresas paneuropeas han fusionado sus oficinas. Es una evolución natural”.
¿Cuál es la posición de Chiquita en el sector?
“Considero que nuestra empresa es una de las principales. Seguimos siendo uno de los principales exportadores, pero en total tan solo destinamos una pequeña porción de la producción global a la exportación. India y Brasil son los mayores productores de banana, pero apenas exportan, sus bananas se venden en el mercado nacional. Además, las bananas son un alimento esencial en muchos países”.

Pero también se presentan muchos desafíos para el sector. Por ejemplo, el mal de Panamá.

“El sector de la banana se enfrenta a desafíos, como cualquier sector agrícola. No me gusta el nombre de ‘mal de Panamá’; ¿por qué debemos vincular el nombre de una enfermedad a un país? Y la enfermedad todavía no ha llegado a Panamá. Yo prefiero hablar de TR4. Se trata de una seria amenaza para el sector y un problema que hay que abordar, y Chiquita ahora quiere llevar la voz cantante a este respecto. Estamos trabajando con, por ejemplo, la FAO y el Foro Mundial Bananero para poder tomar las medidas de prevención apropiadas antes de que se presente la enfermedad. En Chiquita, nos proponemos convertirnos en un catalizador en este proceso”.

¿Qué se está haciendo para abordar la TR4?

“Se ha designado un equipo de trabajo para tratar de guiar a la industria hacia la adopción de cualquier medida necesaria para enfrentar los desafíos que afectan a todo el sector. La TR4 es uno de ellos. Que Chiquita quiera llevar la voz cantante forma parte de la estrategia a largo plazo de la empresa. Lo que logremos en lo relativo a la TR4, tanto en términos de prevención como de nuevas variedades, queremos ponerlo a disposición de todo el sector. Eso es lo que consideramos un comportamiento cívico. Todas las medidas deben ponerse a disposición de todo el sector. No podemos sentarnos a ver cómo otras empresas reciben el golpe de la TR4, debemos proteger a la Cavendish juntos. Creemos que nosotros, como sector, debemos trabajar juntos para hallar una solución”.

¿Podremos seguir comprando bananas en los supermercados dentro de diez años?

“No creo que las bananas desaparezcan en diez años. Soy optimista. Existen varias iniciativas para encontrar una solución, pero encontrar soluciones requiere un gran esfuerzo coordinado. Chiquita está dispuesta a hacer su parte y a unir al sector para encontrar soluciones a corto y medio plazo. En Fruit Logistica, hablé con varios CEO de otras empresas bananeras sobre este tema”.
En Países Bajos y otros países las bananas se ofrecen a precios bajos en los supermercados. ¿Ustedes lo han notado?
“Los bajos precios son, principalmente, una estrategia de las cadenas de distribución. Sin embargo, observamos que la demanda de bananas es bastante rígida, lo que significa que venderlas a un precio más bajo no implica necesariamente mejores ventas, y venderlas a un precio más alto no se traduce necesariamente en ventas más bajas. Además, la UE tiene como objetivo alentar la competencia de precios para garantizar precios atractivos a los consumidores. Nosotros tenemos nuestra parte en ello y tratamos de minimizar los costes de cada producto. A este respecto, la eficiencia de la cadena de suministro es importante”.

Las cadenas cada vez dependen más de las importaciones directas y privadas. ¿Seguirá habiendo espacio para multinacionales como Chiquita?

“La competición sana es positiva. El abastecimiento directo siempre ha sido una opción y depende de los mayores jugadores del sector comercializar el producto de forma adecuada. Ello puede llevarse a cabo ya sea con una marca blanca o con la marca del distribuidor. Nosotros vemos que la marca Chiquita es mucho más que una marca. La historia que hay detrás de la marca también importa. ¿Qué sucede en los países productores? ¿Cómo es la cadena de suministro? ¿Es sostenible? ¿Cómo se trata a los empleados? Cuando eres una empresa grande, puedes hacer cosas que otros no pueden. Además, podemos abastecernos en diferentes países”.
Uno de los temas que menciona son las condiciones de trabajo. En los últimos años, Chiquita también ha abordado esos temas. ¿Cuál es la situación actual?
“Pretendemos trabajar de forma proactiva con nuestros productores y trabajadores. Siempre surgen problemas, pero tratamos de solventarlos antes de que se conviertan en huelgas, por ejemplo. Nuestro director de recursos humanos, por ejemplo, también es el responsable de sostenibilidad. Eso demuestra que forma parte de nuestra estrategia. Una empresa es igual de buena que las personas que trabajan en ella. Queremos continuar respaldando esa idea. Por ejemplo, estamos comprometidos con los derechos de las mujeres y los problemas sociales. Con ese fin, trabajamos en estrecha colaboración con la IUF [Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación]. Pagamos un salario superior al mínimo y la mayoría de nuestros empleados son miembros de un sindicato”.

En los últimos años, Chiquita ha decidido enviar las bananas a través de Vlissingen y no a través de Amberes o Bremen. ¿Cuál es el motivo?
“Vlissingen es un puerto eficiente y eficaz. Ofrece un buen servicio y un precio atractivo. Chiquita usa muchos puertos y, de vez en cuando, hacemos cambios”.

¿El tiempo de tránsito ha tenido que ver? Por ejemplo, llegar a Amberes desde el mar del Norte lleva varias horas más que desde Vlissingen.
“Podría ser un motivo, pero con un tiempo de viaje de dos semanas desde Latinoamérica hasta Europa, siete horas más o menos no tienen mucha importancia”.

Por último, Fyffes ha sido adquirida por la japonesa Sumitomo. ¿Afectará eso al mercado?
“Su efecto será limitado. Fyffes forma parte de un grupo y creo que eso es positivo. Tendrá buenos resultados para la estrategia a largo plazo. Para nosotros, no supone mucha diferencia. Estábamos satisfechos con la situación anterior y estamos satisfechos con la nueva situación. No es ni mejor ni peor”.

Más información:
www.chiquita.com